En el entorno de Puente Melchor, a las afueras de Puerto Real, los restos arqueológicos cuentan una historia que apenas resulta evidente al contemplar el paisaje. Aquí trabajaron alfareros que fabricaban los recipientes necesarios para transportar productos por el mundo romano. Sus hornos formaban parte de un asentamiento mucho más complejo.
La investigación permite reconstruir esa actividad. También obliga a distinguir entre lo que revelaron las excavaciones y lo que podemos contemplar hoy.
Un conjunto alfarero, más allá de un solo horno
El llamado horno romano de Puente Melchor pertenece a un área con varios hornos, instalaciones productivas y otros espacios. Conviene entenderlo como un conjunto arqueológico, cuyos sectores conocemos gracias a distintas intervenciones.
En 2026, Javier Oviedo-Callealta publicó una revisión que estudia el enclave como un vicus alfarero. Esta interpretación sitúa la producción artesanal en el centro de la vida del asentamiento. El autor destaca su extensión, su capacidad productiva y su prolongada trayectoria dentro de la bahía de Cádiz.
Su trabajo plantea una lectura conjunta del lugar y de su papel como proveedor de envases para el comercio pesquero. Esta perspectiva ayuda a superar la imagen de un horno aislado y a comprender la importancia económica de Puente Melchor.
Los orígenes y la duración del asentamiento
Cristina Chacón Mohedano sitúa el inicio de la manufactura hacia mediados del siglo I a. C. La producción alcanzó el siglo IV d. C., mientras que determinados materiales documentan ocupación durante el V.
Estas fechas no implican que todos los hornos funcionaran simultáneamente. Tampoco permiten fijar un cierre único para todo el enclave. La duración del poblamiento y la actividad de cada instalación constituyen problemas distintos.
El lugar ofrecía acceso a barro, agua y combustible. Su proximidad a la bahía y a las comunicaciones favorecía la actividad artesanal. Esos recursos ayudan a explicar la instalación del complejo.
El descubrimiento y las primeras excavaciones
En 1946, las obras de un puente sobre el ferrocarril dejaron al descubierto numerosos fragmentos de ánforas. El nuevo paso sustituyó al antiguo paso a nivel. De ahí proceden algunas denominaciones que aparecen en la bibliografía: «Paso a nivel» y «Villanueva, paso a nivel».
En mayo y junio de 1994, María Luisa Lavado Florido dirigió una excavación de urgencia ante la construcción de la variante de la N-IV. El estudio de Enrique García Vargas y Lavado explica la importancia de aquella intervención para conocer la secuencia productiva del alfar.
Los trabajos continuaron en campañas posteriores. El repositorio oficial de la Junta recoge, entre otras actuaciones, sondeos de abril y mayo de 2004. Diego Bejarano Gueimúndez y Ernesto J. Toboso Suárez documentaron materiales de los siglos I al III d. C., incluidos sellos con la leyenda SOC.
Cómo eran los hornos romanos
Rita Benítez y otros investigadores describen dos estructuras especialmente relevantes. El horno A tenía planta circular y 5,75 metros de diámetro. Un pilar central sostenía arcos radiales que soportaban la parrilla.
Esta plataforma separaba el espacio de combustión de la zona donde los alfareros colocaban las piezas. Sus aberturas permitían el ascenso del calor. El praefurnium proporcionaba el acceso para alimentar el fuego.
El horno B presentaba otro sistema de sustentación. Sus elementos interiores formaban una bóveda que atravesaba la cámara de combustión. La excavación encontró la parrilla desplomada y documentó un arco apuntado de ladrillo en la entrada del praefurnium.
Las diferencias muestran que los talleres emplearon varias soluciones constructivas. Estas descripciones corresponden al registro arqueológico. No acreditan que hoy resulte posible observar todos esos elementos sobre el terreno.
Las ánforas que llevan el nombre de Puerto Real
El estudio del alfar contribuyó a definir dos tipos de recipientes: Puerto Real 1 y Puerto Real 2. García Vargas y Lavado Florido publicaron su caracterización en 1996 y situaron su producción entre finales del siglo II y comienzos del III d. C.
Eran envases robustos. La descripción de Puerto Real 1 propone alturas próximas al metro para los ejemplares más completos. La de Puerto Real 2 recoge un recipiente de unos 85 centímetros, con boca amplia, cuerpo ensanchado hacia la parte inferior y base plana rehundida.
Estas denominaciones tienen valor arqueológico. Permiten comparar fragmentos de distintos lugares y reconocer relaciones entre centros productores y consumidores. El nombre de Puerto Real figura así en la clasificación científica de las ánforas romanas.
Qué transportaban y hasta dónde llegaron
Los especialistas relacionan las Puerto Real 1 con salazones y salsas de pescado. Sin embargo, la ficha científica del Institut Català d’Arqueologia Clàssica advierte de la falta de pruebas directas suficientes para determinar su contenido con absoluta certeza. No conviene afirmar que todos estos recipientes transportaron garum.
El repertorio registra ejemplares en Baelo Claudia, Ceuta, Braga, la costa italiana y Augst, en la actual Suiza. Su distribución permite seguir las conexiones comerciales de estas producciones.
El caso de Ceuta resulta especialmente interesante. Los investigadores proponen que algunos envases llegaron vacíos desde la bahía de Cádiz para que las factorías norteafricanas los llenaran con sus propios productos. Las marcas SOC apoyan esa relación con Puente Melchor.
El comercio podía incluir tanto alimentos como los recipientes necesarios para distribuirlos.
Los sellos y la cerámica de uso cotidiano
Algunas ánforas conservan marcas como SOC, SOCI o FEX. El estudio de 1995 documenta estos sellos en distintas posiciones, entre ellas el cuello y la zona próxima a las asas.
Los investigadores utilizan estas inscripciones para comparar piezas y estudiar la organización productiva. Su interpretación exige cautela: una abreviatura no basta para reconstruir por completo la identidad de un propietario o la estructura de una empresa antigua.
El alfar también produjo cerámica común. Lourdes Girón Anguiozar estudió las formas abiertas procedentes de las campañas de 1994 y 1995-1996. Su trabajo amplía la mirada hacia recipientes de uso cotidiano, más allá de los grandes envases comerciales.
Agua, enterramientos y una calzada romana
Las excavaciones documentaron piletas, canalizaciones, una huella de torno de pie y grandes depósitos de desechos cerámicos. Algunos de estos vertederos, o testares, alcanzaban cerca de cuatro metros de espesor.
Las intervenciones vinculadas al ferrocarril también aportaron una cisterna, instalaciones termales y enterramientos. Los arqueólogos identificaron un tramo de calzada con la Vía Augusta.
Estos hallazgos permiten estudiar el trabajo, el abastecimiento y las comunicaciones del asentamiento. La necrópolis añade información sobre sus prácticas funerarias. Puente Melchor ofrece una historia más amplia que la producción de cerámica.
La villa y el mosaico de Puente Melchor
En 2004, las obras de duplicación de la N-IV propiciaron el descubrimiento del mosaico de una villa romana del entorno. El pavimento ocupaba el triclinium, la estancia destinada al comedor, y presentaba una composición en T invertida.
María Luisa Millán Salgado y Mercedes Cristina Gómez Bueno estudiaron su diseño y su conservación. Su publicación explica también los trabajos de restauración de 2007. La villa representa el ámbito residencial del área y merece una lectura diferenciada de los hornos.
La información municipal atribuye al mosaico unas dimensiones de 5,44 por 6,78 metros. Combina decoración geométrica, figurativa y floral. El Museo de Cádiz lo incluye en su colección.
Las aportaciones más recientes
El boletín de diciembre de 2025 de la Sociedad de Estudios de la Cerámica Antigua en Hispania publicó un estudio de Javier Oviedo Callealta, Darío Bernal-Casasola y José Juan Díaz Rodríguez sobre un ánfora del entorno de Puente Melchor.
La pieza conserva su parte superior y dos sellos. Uno permite leer FEX; el otro presenta caracteres ilegibles. La ausencia de la base impide decidir con seguridad entre los tipos Puerto Real 1 y 2.
Los autores proponen una cronología de finales del siglo II o comienzos del III d. C. El hallazgo casual carece de contexto estratigráfico, una limitación que el artículo reconoce. Su interés reside en la información sobre las marcas del taller, especialmente el doble sellado.
La revisión de Oviedo-Callealta de 2026 confirma la continuidad del estudio académico del enclave. La publicación de nuevas investigaciones, por sí sola, no acredita una restauración reciente ni una apertura al público.
Dónde está el yacimiento
El punto cartográfico de referencia del yacimiento figura en 36.52150, -6.16274. La coordenada procede de cartografía colaborativa y sirve para orientarse; no delimita oficialmente el conjunto ni identifica una entrada habilitada.
La documentación histórica sitúa Puente Melchor junto al cruce de la antigua N-IV y el ferrocarril, al sureste de Puerto Real. El estudio de Isabel Rondán Sevilla reúne las intervenciones arqueológicas sobre cartografía y fotografías aéreas para comprender su distribución.
La referencia al cementerio ayuda a situar el entorno general, pero no sustituye un plano arqueológico. Tampoco conviene confundir el punto del mapa con la posición exacta de un horno concreto. El área reúne varios sectores y las infraestructuras modernas han transformado su configuración.
Estado actual y posibilidades de visita
A fecha de consulta, 7 de septiembre de 2026, no he localizado una confirmación oficial de visitas regulares, horarios o un recorrido habilitado por los hornos. Tampoco dispongo de un informe reciente que permita precisar qué estructuras permanecen visibles y en qué condiciones.
El estudio de Rondán Sevilla explica las dificultades que plantea un paisaje muy transformado. Emplea cartografía histórica, fotografías aéreas y datos LiDAR para relacionar los restos y reconstruir su entorno. Esta investigación no funciona como una guía de acceso turístico.
Por ello, no resulta riguroso prometer una visita a hornos descubiertos, pasarelas o paneles interpretativos. Las fotografías de excavación tampoco prueban que hoy podamos contemplar lo mismo.
Imágenes y patrimonio que merece atención
No he localizado una fotografía reciente y verificable que muestre el estado actual de los hornos. La documentación arqueológica enlazada contiene imágenes de excavaciones y materiales, pero conviene conservar sus fechas y pies de foto.
El valor de Puente Melchor reside en la historia que reúne: conocimientos técnicos, producción artesanal, intercambios y vida cotidiana. Sus ánforas permiten seguir relaciones entre lugares lejanos. Sus estructuras ayudan a comprender el trabajo que sostuvo esas conexiones. Dar a conocer el yacimiento exige contar esa historia con precisión y reconocer también lo que todavía no sabemos.



