A orillas del Guadalete, junto a las vegas de El Portal, todavía permanecen los restos de una fábrica que simbolizó el deseo de modernización de Jerez de la Frontera. La Azucarera Jerezana nació a finales del siglo XIX. Su historia duró pocos años, pero dejó una huella profunda en el paisaje, la economía y la memoria de esta barriada rural.
Una respuesta a la crisis del vino
La azucarera surgió en un momento difícil para Jerez. La filoxera, llegada al Marco durante la última década del siglo XIX, arruinó buena parte del viñedo. La crisis provocó desempleo, conflictos sociales y una fuerte preocupación por el futuro económico de la ciudad.
Hasta entonces, Jerez dependía en gran medida de la vid y de la exportación de sus vinos. Algunos empresarios y técnicos buscaron alternativas. Entre ellas destacaron la mejora de los regadíos y la introducción de nuevos cultivos industriales.
La Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete impulsó la principal iniciativa. La sociedad se constituyó en 1892 con un capital de cuatro millones de pesetas. En 1897 obtuvo la concesión para construir un canal de riego derivado del río Guadalete. La Revista de Obras Públicas publicó aquel año el proyecto, que incluía una presa, canales, acequias y sistemas de elevación de agua.
El objetivo consistía en poner en regadío unas 2.000 hectáreas de las vegas de El Portal, Los Villares, El Torno, Las Quinientas y El Palmar. El Ayuntamiento de Jerez también recoge este proyecto en su Plan Especial de la Zona de Huertos de Ocio de La Barca Este.
Por qué se instaló en El Portal
La ubicación no respondió a una decisión casual. La fábrica necesitaba grandes cantidades de remolacha y agua. El Portal reunía ambas condiciones.
La sociedad proyectó el azud de La Corta, una estación elevadora de vapor y una red de canales. Estas infraestructuras permitían regar las tierras próximas al Guadalete y cultivar la remolacha destinada a la fábrica.
La cercanía del río facilitaba el abastecimiento de agua. La proximidad de las tierras de cultivo reducía el transporte de la materia prima. Además, El Portal contaba con una posición estratégica junto a las comunicaciones entre Jerez y El Puerto de Santa María.
Las fuentes consultadas relacionan directamente la azucarera con el proyecto de regadío. No he encontrado, sin embargo, un documento que explique de forma literal todos los criterios que utilizaron los promotores para elegir el solar. Por eso conviene presentar la cercanía al agua y a las tierras regadas como la razón principal documentada.
Sus promotores y responsables
La promotora directa fue la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete. La documentación histórica identifica entre sus principales dirigentes a A. M.ª Martínez de Pinillos Izquierdo, propietario de una importante naviera gaditana. Durante varios años ocupó la presidencia de la sociedad.
También formaron parte de su dirección los banqueros Amaro Duarte Cardenal y Abelardo Gómez Infante, además de los empresarios Servando Molins y José Ramón Pacheco Bernal. Algunos de ellos también participaron en otras sociedades relacionadas con el abastecimiento de agua y la industria.
La sociedad encargó el proyecto hidráulico al ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Luis Vasconi y Cano. Su intervención vinculó la fábrica con una operación mucho más amplia. La azucarera no constituía una industria aislada. Formaba parte de un proyecto agroindustrial que incluía presas, canales, caminos, puentes y nuevas tierras de cultivo.
La información publicada por el Diario de Jerez sobre La Corta señala que la sociedad invirtió más de 3,5 millones de pesetas en la Azucarera Jerezana y en las infraestructuras vinculadas al regadío.
La construcción de la fábrica
La sociedad inició la construcción de la Azucarera Jerezana en 1899. La Carta Arqueológica Municipal de Jerez incluye el edificio entre los testimonios de la arquitectura industrial vinculada a la transformación económica de la ciudad durante el siglo XIX.
La fábrica contaba con una nave central, almacenes y otras dependencias auxiliares. Las arcadas de ladrillo de la nave principal formaban uno de sus elementos más característicos.
La industria transformaba la remolacha en azúcar. El proceso exigía una organización compleja. Los agricultores debían cultivar y entregar la raíz en unas condiciones adecuadas. La fábrica, por su parte, necesitaba maquinaria, combustible, agua y una red eficaz de transporte.
El proyecto también modificó el entorno humano de El Portal. Las primeras construcciones estables de la zona estuvieron relacionadas con las oficinas de la azucarera y con las viviendas de sus trabajadores. La fábrica ayudó a consolidar un núcleo que hasta entonces tenía una población muy reducida y dispersa.
El papel de la azucarera en Jerez
La Azucarera Jerezana introdujo una nueva actividad industrial en una ciudad conocida sobre todo por sus bodegas. La remolacha ofrecía una alternativa al monocultivo de la vid y conectaba la agricultura con la industria transformadora.
El proyecto generó empleo directo e indirecto. También impulsó obras hidráulicas, caminos y comunicaciones. La Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete construyó una carretera entre la fábrica y la Cañada de la Isla. Además, levantó un puente de hierro sobre el Guadalete para facilitar el acceso a las tierras de cultivo.
El Ayuntamiento de Jerez resume aquella iniciativa como un proyecto modernizador de carácter agroindustrial. La experiencia pretendía aumentar la producción agrícola y crear nuevas oportunidades en un periodo marcado por la crisis del viñedo.
En El Portal, la fábrica dejó una huella todavía más visible. Organizó el espacio, atrajo trabajadores y vinculó la vida de la barriada con los ciclos de la remolacha. Durante unos años, el calendario local dependió de la siembra, la recogida y la transformación industrial de este cultivo.
Un fracaso prematuro
La experiencia no alcanzó los resultados esperados. La fábrica cerró en 1906, apenas unos años después del inicio de su construcción.
Las fuentes consultadas apuntan a varias causas. La remolacha cultivada en la vega presentaba un bajo contenido de azúcar. El regadío exigía una inversión elevada. Los colonos carecían de experiencia suficiente con el nuevo cultivo. Las crecidas del Guadalete dañaron algunas cosechas y el caudal del río descendía demasiado durante el verano.
A estos problemas se sumó la competencia de otras zonas azucareras, como Zaragoza, León y Granada. Aquellas regiones contaban con una industria más desarrollada y una mayor experiencia en la producción de remolacha.
La Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete también sufrió dificultades económicas. La combinación de bajos rendimientos, costes elevados, problemas hidráulicos y competencia exterior hizo inviable la continuidad de la fábrica.
Por tanto, el cierre no obedeció a una sola causa. La azucarera fracasó por la suma de varios factores agrícolas, económicos, técnicos y ambientales.
La desaparición de la maquinaria
El cierre no significó la desaparición inmediata del edificio. La nave central y otras dependencias permanecieron en pie durante décadas. Las crecidas del Guadalete llegaron a inundar parcialmente las instalaciones.
La maquinaria salió poco a poco de El Portal. Algunas piezas se desmontaron y se trasladaron a otras fábricas azucareras. En noviembre de 1919, el técnico mecánico Nicolás Moliner Gallego desmontó una de aquellas máquinas para llevarla a la Azucarera del Jalón, en Épila, Zaragoza.
Este episodio muestra cómo la industria azucarera reutilizaba sus equipos. Las máquinas viajaban de una fábrica a otra según las necesidades de cada empresa. La vieja Azucarera Jerezana terminó así vinculada, indirectamente, con otros complejos industriales del valle del Ebro.
Estado actual y función en El Portal
Las cubiertas desaparecieron hace tiempo. La nave principal perdió su protección y el conjunto sufrió un deterioro progresivo. Aun así, todavía permanecen algunos muros, las arcadas de ladrillo y restos de almacenes y dependencias.
El Diario de Jerez describía en 2019 las ruinas como uno de los últimos testimonios de aquella primera experiencia azucarera. Una fotografía tomada en 2017 permite comprobar la permanencia de parte de las estructuras.
No he localizado una rehabilitación reciente ni un uso público o industrial activo para este edificio. Tampoco he encontrado una declaración específica como Bien de Interés Cultural. Por ello, su función actual parece limitarse a la de vestigio del patrimonio industrial y referente visual de El Portal.
Conviene no confundir estas ruinas con la actual Azucarera del Guadalete. La fábrica moderna comenzó su actividad en 1969 y ocupa otro complejo industrial del entorno de El Portal. En 2025, la empresa y el Ayuntamiento de Jerez destacaron su actividad industrial y su importancia económica para la ciudad, aunque la planta afrontaba entonces incertidumbres relacionadas con la campaña de remolacha.
Los nidos de cigüeñas sobre las ruinas
Las ruinas de la Azucarera Jerezana también forman parte del paisaje de las cigüeñas blancas. Con el paso del tiempo, estas aves han aprovechado las partes más altas de los muros y de las antiguas arcadas para instalar sus nidos.
El ladrillo y la piedra ya no sostienen cubiertas ni maquinaria. Sin embargo, todavía ofrecen altura y estabilidad para estas aves. Desde la distancia, los nidos destacan sobre los restos de la fábrica y crean una imagen singular junto a la carretera de El Portal.
Diversas fotografías y recorridos por la zona muestran la presencia de varios nidos en el perímetro de la antigua azucarera. No he localizado un censo oficial que determine su número, su antigüedad o la evolución de esta pequeña colonia. Por ese motivo, conviene hablar de una presencia documentada por imágenes y observaciones locales, pero no de un espacio natural protegido.
La escena resume el paso del tiempo en El Portal. La industria desapareció. Las cubiertas se hundieron. La maquinaria marchó a otras fábricas. Las cigüeñas, en cambio, encontraron en aquellos muros un nuevo lugar para vivir.
Hoy, la vieja azucarera conserva así una doble memoria. Sus paredes recuerdan el proyecto industrial de finales del siglo XIX. Sus nidos hablan de la capacidad de la naturaleza para ocupar los espacios que la actividad humana abandona.
La presencia de aves no debe ocultar el mal estado del conjunto. Las ruinas presentan riesgos de desprendimiento y no constituyen un lugar preparado para la visita interior.
Una memoria industrial pendiente
La Azucarera Jerezana representa uno de los primeros intentos de Jerez por diversificar su economía más allá del vino. Su vida resultó breve, pero su proyecto transformó durante años el paisaje de El Portal.
La fábrica nació junto al Guadalete, en una época de crisis y esperanza. Quiso convertir el agua del río en regadío, la remolacha en azúcar y una barriada rural en un nuevo núcleo industrial.
Hoy solo quedan sus muros. Sin embargo, esas ruinas recuerdan una etapa en la que Jerez buscó otros caminos para superar la crisis del viñedo. También recuerdan que el patrimonio industrial no solo conserva edificios. Conserva los proyectos, los trabajos y las ilusiones de quienes intentaron transformar su territorio.
Fuentes consultadas
- Revista de Obras Públicas, 1897: concesión del canal de riego del Guadalete.
- Ayuntamiento de Jerez: Plan Especial de la Zona de Huertos de Ocio de La Barca Este.
- Diario de Jerez: La Corta y la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete.
- Diario de Jerez: 50 años de azucareras y maños en Jerez.
- Junta de Andalucía: documentación ambiental y patrimonial del entorno del Guadalete.



